Primera salida del año 2007. Acudimos al local del Club Jesús Vicente, Guillermo, Félix, Jesús Clemente y Raúl, eran las siete de la mañana cuando partíamos en dirección de la Sierra de Urbasa, la primera parada fue en Gallur a recoger a Javier y a repartirnos en dos coches.
Después de dos horas de viaje nos plantamos en lo alto del puerto de Lizárraga, justo antes de entrar en el túnel, tomando un camino que parte detrás de un bar y tras aproximadamente cuatro kilómetros de pista llegamos hasta la boca de la sima.
El día era bastante desapacible, totalmente encapotado y con un ligero “chirimiri” que en ocasiones era nieve. Almorzamos lo más rápido que pudimos y nos cambiamos.

La boca de la sima esta totalmente rodeada por dos muros de piedra de un metro de altura aproximadamente cada uno, detrás del segundo muro y ocupando toda su superficie se abre la boca de la sima, que en su primera mitad esta tapizada de vegetación; es posible apreciar desde el alfeizar del muro el fraccionamiento que hay que realizar justo al finalizar la vegetación, en una pequeña repisa que es parte del techo de la bóveda de la primera sala de esta sima. Este pozo de entrada tiene 20 metros y es imprescindible conocer las técnicas de ascenso-descenso por cuerda y la de paso de fraccionamientos.
Proseguimos descendiendo por una empinada rampa, con algún paso un poco delicado, hasta llegar a la primera sala con formaciones. Seguidamente se desciende otra rampa que nos lleva al lago, y una vez cruzado este se asciende hasta una zona de impresionantes formaciones.
En la parte superior de la sala se puede encontrar un pozo, que con la ayuda de una cuerda y el paso de algún fraccionamiento nos deposita en una rampa que si se desciende nos lleva a la sala más profunda de la sima.

Para el acceso a esta cavidad y para el transito de vehículos a motor por las pistas del Parque Natural de Urbasa-Andía, es necesario solicitar autorización al Departamento de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Vivienda del Gobierno de Navarra

Toman la delantera Javier y Raúl, que instalan dos vías, para así hacer más rápida la entrada y la posterior salida. La instalación se complicó un poco ya que no llevábamos tuercas de M-8 para los paraboll que había en la cabecera de la vía principal, la otra vía sin embargo no dio problemas ya que tiene en su cabecera paraboll M-12. Los spit de la salida, detrás del muro, están en buenas condiciones, en el fraccionamiento antesala del volado existen varios spit, uno de ellos de M-12 que también están en buen estado, la instalación mejor situada para este tramo del pozo esta ya con placa, aunque como esta se mueve bastante desconfiamos de ella.
Una vez todos en la base del pozo, y viendo como entraban pequeños copos de nieve por la boca, empezamos el descenso por la rampa siguiendo a Raúl y a Jesús Vicente que son los únicos que ya habían estado en la sima.
Llegados todos a la primera sala con formaciones empezamos a hacer fotos y a visitar todos sus rincones. Posteriormente descendimos hacia el lago, o lo que queda de el, ya que lo atravesamos sin mojarnos; seguimos ascendiendo hasta la parte más alta de la sala desde donde se divisa todo el lago y se ven las grandes formaciones que creemos dan el nombre a la sima.
Después de dos horas ayudando a Raúl con los flases para hacer fotos y de una pequeña grabación de vídeo que hizo Guillermo llegó la hora de recobrar fuerzas con una suculenta comida, en la que hicieron furor las morcillas que había traído Félix; al terminar recorrimos todos los rincones de la sala, dejando para otro día el descenso a la cota más profunda de la sima.
La salida no tuvo mayor dificultad y estábamos todos cambiándonos a los cinco de la tarde con una intensa niebla que no dejaba ver a veinte metros.
El susto de la tarde nos lo dieron unos cazadores desalmados que se liaron a pegar tiros, con el consiguiente peligro, ya que como he dicho no se veía absolutamente nada, finalmente conseguimos ahuyentarlos haciendo sonar nuestro claxon. El día acabó con la cervecita (sin alcohol) en un bar de Estella y con el feliz regreso hasta Zaragoza.

Fotografías de:
Raúl García