La Chemin de la Mature, es uno de esos lugares en el Pirineo que al visitarlos te dejan buenas sensaciones, por lo que acabas pensando que algún día volverás. Esta no era la primera vez que Esteban y yo visitábamos la Chemin, María si estrenaba excursión era su regalo de cumpleaños.
Partimos de Zaragoza muy pasadas las 07.00 antes del meridiano, para coger la carretera N-232, en dirección Huesca, y pasar sucesivamente Sabiñánigo, Jaca, Canfranc, saltando a Francia por el eternamente polémico paso fronterizo del Somport, semiabierto o semicerrado, dependiendo desde que vertiente se observe.
Una vez en terreno galo, hay que pasar el pueblo de Urdos, llegar a la impresionante fortaleza del Portalet, construida y confundida en la roca en 1842, por orden del rey Luis Felipe, con el fin de defender el Valle del Aspe de la amenaza española, y que más tarde serviría de residencia de vacaciones obligadas a diversos personajes premiados por la (in)justicia francesa; entre otros el prisionero Mariscal Philippe Petain.
Poco después de pasar el fuerte, cogemos un desvío a la derecha que indica Etsauts. Nos lleva a un pequeño ensanchamiento donde dejamos el coche. Son las 10:00, aquí nos calzamos las botas y nos disponemos a dar los primeros pasos del camino.

El sendero casi nada más empezar se arrima a la impresionante pared, estamos en la La Chemin de la Mature, tramo que pertenece al GR-10. Se trata de un sendero artificial, horadado en la roca en el siglo XVIII sobre las Gorgas del Infierno, cuyo fin era trasladar los troncos de abeto que servían para construir los barcos de la Armada francesa. La anchura es suficiente para caminar con tranquilidad, sintiendonos seguros ante el abismo que hay a nuestra derecha, aunque la curiosidad siempre invita a asomarte de vez en cuando para contemplar la belleza de la vertical pared. La pendiente del camino sube suavemente, pero los rayos del sol nos aplastan contra la pared de piedra caliza haciendo penoso el comienzo de excursión. El sendero como la pared primero se orienta hacia el Este y luego giran al Sur. Después de unos tres cuartos de hora, abandonamos la pared, para entrar en el agradable hayedo de Bieus, donde la temperatura desciende notablemente y nos deja tomar aliento. El sendero del bosque pasa al lado del desvio que indica el puente de Trangos, después el bosque se abre en un claro con fuerte pendiente. La pradera goza de una exuberante vegetación, dominando los helechos de gran tamaño, que en algunos tramos casi cierran el sendero.
La pendiente mezclada con la tremenda humedad que proporciona la vegetación nos hace sudar con facilidad. Una de las pocas veces que levantamos la cabeza para respirar, nos sobrecoge la imagen de un cazador con rifle al hombro y su compañero, que arrastra el cuerpo sin vida de un joven jabalí, aquí, en el hiper protegído Parque Nacional del Pirineo Francés, una más de las muchas contradicciones del ser humano.
La pendiente acaba justo cuando el valle empieza abrirse, llevamos dos horas y media andando y aprovechamos para recuperar el aliento y nuestras sensibilidades, al lado de la cuidada cabaña de Sencours. Desde aquí ya se divisa nuestro objetivo, el pico Ayous. El valle es amplio y profundo, pero sus pendientes son amables, haciendose el ascenso comodo y agradable.
El sendero sube por la izquierda orográfica del valle, cuando llega al final de éste, gira bruscamente cambiando de dirección, pero solo con el fin de engañar a la pendiente con marcadas lazadas. No tardamos mucho en situarnos a los 2280 metros que marca el Coll d’Arros, y a las 15:00, el Midi D,ossau nos muestra su monstruosa belleza, escoltado por el Pico Peyreget y bañado en sus faldas por ellago de Ayous En el collado nos damos un homenaje en forma de almuerzo, en compañía de un agradable irlandes, el cual nos ha venido acompañando durante el último tramo de subida. Hecho que le ha venido de cine a María para practicar inglés. Su aspecto nos resulta peculiar, porque su gabardina oscura y su sombrero, le dan aires de aquel predicador justiciero que interpretó Clint Eastwod en la película “Jinete Pálido”. Siempre enriquece conversar con buena gente de otros lugares.
Después de una larga despedida, nuestro amigo Rory sigue su camino hacia el Sur, en busca del refugio de Ayous, y nosotros atacamos el pico al Noreste, cuya cota de 2288 metros hollamos sin dificultades en menos de 20 minutos.
Se nos ha hecho más tarde de lo previsto y decidimos “abrirnos”, para volver sin prisa, pero sin pausa. Desandar el camino no resulta muy duro al principio por la suavidad con la que desciende, pero poco a poco, las horas van haciendo mella en nuestras piernas y la agilidad comienza a desaparecer. El regreso siempre es diferente a la ida, y a pesar del cansancio descubres detalles que habían pasado desapercibidos. No solo cambia la perspectiva, también la luz y con ella los colores.
El peor tramo es el camino horadado en la pared, por que llevas todo el peso de la excursión, y además se suma la pendiente de la bajada, y la irregularidad del suelo por las numerosas piedras muy desgastadas, que te hacen pisar con inseguridad. Todas estas circunstancias convierten los últimos metros de esta jornada en una “pequeña tortura”, aunque me imagino que nada comparado a la que sufrió el Mariscal Petaín en la sobria fortaleza del Portalet, o el joven jabalí en su agonía.
Son las 07:00 después del meridiano, mientras nos descalzamos las botas, María guarda el regalo de cumpleaños en el baúl de su memoria, Esteban se muestra algo inquieto porque sabe que alguien le espera y yo me pierdo entre mis reflexiones. Todos pensamos que algún día volveremos…

Fotografías de:

Javier Ledesma