Esta vez pese a haber quedado a las 7h., al cambiar las cosas del coche, Esteban se da cuenta de que se ha dejado las botas, así es que tenemos que pasar por su casa para recogerlas. Serian las 7’40h. cuando salimos hacia el Pirineo porque nuestra intención era hacer Canal Roya por el Valle del Río Aragón. Pero por el camino comentamos que el tiempo daba vientos muy fuertes en el Pirineo (de 40 a 80k/h.). Replanteo de la situación y desvío en Huesca hacia Rodellar para hacer la ruta del Salto de las Lañas. Que no es otra cosa que ir al barranco Mascún pero en vez de terminar en la cabecera del primer rápel, llegar a la base del mismo directamente.
Llegamos a Rodellar y ya se adivina el frió que tenia que hacer por el Pirineo porque valla como pegaba. Empezamos a andar a las 9’45h. y está vez cogemos la senda que va por encima del barranco, la que va a la ermita. Solo que en una parte del trayecto dejamos el desvío de la misma y cogemos el que baja al barranco. Para salir enfrente del delfín. Seguimos por el barranco y vemos que baja muy poco agua lo que nos permitirá seguir por su cauce sin tener que ir sorteando el agua. Una vez enfrente de la ciudadela empezamos a subir por la senda que nos llevara a Otín. Un pueblo abandonado de Guara y al que todo el mundo recuerda como el pueblo en el que un día un hombre abrió un bar pero que tuvo que irse porque incomodaba a alguien. Las cabras y los buitres son la tónica de todo el recorrido. Seguimos por el camino y nos desviamos hacia el barranco Raisen. Pero en vez de bajar por su cauce, seguimos senda por su costado izquierdo atravesando algunos pasos algo arriesgados y con fuertes precipicios. La senda va girando hasta encontrarse en el barranco Mascún pero a media altura. Desciende un poco y nos deja de lleno en la base de la primera cascada donde se empieza el descenso de este mítico barranco, serian sobre las 13h.. Ni una gota de agua cae por su cascada pero si que impresiona el circo que describe. Un pequeño descanso para disfrutar del lugar y empezamos a salir para comer en una pradera que habíamos visto a la entrada del Raisen.
El día aunque fresquito y con un poco de aire resultaba agradable.
Poca gente nos crucemos por el camino salvo en el ultimo tramo antes de llegar al pueblo donde los escaladores recogían el material y salían como moscas de entre la vegetación.

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Fotografías de:

Jesús Vicente