Este invierno para el Pirineo, está siendo uno de los mejores en los últimos años, en cuanto a precipitaciones de nieve se refiere. Cuando observas su silueta blanca en los días claros, se te antoja en ese momento transportarte a cualquiera de sus valles, respirar el aire fresco con olor a monte y cegarte con la belleza de su manto blanco. Pero privilegio de tener los montes Pirineos a “un paso”, y no hace falta soñar para disfrutar de sus paisajes.

Una forma sencilla de adentrarte en el paisaje invernal son las raquetas de nieve. Su uso, no requiere técnicas difíciles ni un desembolso importante de dinero, solo hace falta estar un poquito en forma y tomar las precauciones habituales en invierno.

En estos momentos a cualquier sitio que acudas en el Pirineo puedes calzarte las raquetas, sin subir muy alto. Cuando tienes tanto donde elegir, suele pasar que no sabes que escoger, nos decidimos por el valle de Aísa.

Para llegar a este valle, nosotros escogimos el desvío que se encuentra en Castiello de Jaca, en la carretera que va desde Jaca a Canfranc. Una vez que llegamos al pueblo de Aísa, seguimos la pista que nos lleva al fondo del valle, de unos 9 km, en esta ocasión tuvimos que dejar el vehículo unos tres kms antes de la puerta metálica donde la pista finaliza, por estar totalmente cubierta de nieve.

A eso de las diez de la mañana comenzamos a raquetear, a unos 1350 m de altitud, seguimos la pista ignorando un desvío a su izquierda, poco después llegamos ante los restos de un impresionante alud, que corta la pista de cuajo, y nos obliga a buscar un paso entre los inmensos trozos de nieve apelmazada. La visión de la devastación que provoca este cataclismo natural nos pone en nuestro sitio, llegando a la conclusión que esto de los aludes va en serio, y que según el nivel de riesgo la mejor forma de evitarlos es no exponerse. Llegamos a la puerta metálica que se halla prácticamente oculta bajo la nieve, la senda con buena huella sigue la ribera derecha del río, 20 minutos después, giramos dirección Este, en busca del refugio de Rigüelo (1520 m). Una vez dentro del valle, acusamos un viento gélido, que nos enviste de cara y provoca una especie de ventisca por la nieve que hace un poco penoso el caminar, a pesar de la previsión de buen tiempo, en la montaña estos cambios y diferencias no son raros.

Aparte de este pequeño inconveniente, el paisaje es espectacular, a un lado del valle queda la Sierra Bernera, con el Monte Petrito (2177 m), su principal altura. Al otro lado, hacia el norte, nos vigilan la trilogía de los picos Aspe, Llena de la Garganta y Llana del Bozo. Decidimos no subir al Valle de los Sarrios por el sorprendente cambio de tiempo, llegando hasta las primeras laderas del collado del Bozo, donde las rachas de viento son cada vez más fuertes y nos hacen desistir definitivamente. El regreso lo hacemos de un tirón, llegando al punto de partida a las 14:15 h.

Bajamos hasta el pueblo de Aisa y aprovechamos para comer en el merendero y decidir como terminamos la tarde. La solución fue fácil, acercarnos hasta la Cueva Esjamundo en Villanua para que Jesús sepa donde está situada la boca para próximas incursiones.

Fotografías de:

Javier Ledesma y Jesús Vicente