Por tercer año consecutivo organizamos una visita a una conocida cavidad zaragozana, para que todo el que quiera pueda conocer este bello y duro deporte. Lo primero, y más importante, es agradecer a todos los que vinieron su asistencia y disculparnos ante los que no lo pudieron hacer por haber se completado el número máximo de participantes, y tanto a los unos como a los otros reiterarles que tienen nuestra puerta abierta para cuando quieran.
En esta edición hemos quedado muy satisfechos y podemos decir que ha sido la más exitosa hasta la fecha, por la cantidad de participantes, por sus ganas y en general porque todo ha salido bien.

Eran las nueve de la mañana cuando habíamos quedado en la puerta de la Junta Municipal Miralbueno, donde tenemos un pequeño cuarto con el material del Club. Poco a poco los participantes iban llegando y nos empezamos a conocer, ya que salvo un par de ellos con todos los demás solo nos habíamos comunicado a través de internet o por teléfono. Casi todos los inscritos eran noveles en esta actividad aunque un par de ellos hacían barranquismo, los participantes previstos eran dieciséis pero al final solo acudieron trece que junto a dos monitores y otros dos miembros del Club partimos por la A-II hacia La Almunia de Doña Godina, la cual atravesamos y continuamos por la carretera que va hacia el antiguo Parque Mularroya, ahora destruido para hacer una presa que seguramente no se llenará nunca, al poco en una curva de la carretera donde queda parte del antiguo trazado en donde aparcamos los tres vehículos que no eran todoterreno, parte la pista que sube paralela a la autovía hacia unos repetidores y unas torres de electricidad por la que subimos durante poco más de kilómetro y medio hasta que nos encontramos una gran valla de alambre que produce un impacto visual lamentable y que según reza un cartel fue colocada por la D.G.A. rodeando la Cueva del Mármol, allí aparcamos y comenzamos a cambiarnos de ropa, explicar brevemente lo que íbamos a realizar y comer un poco antes de entrar. Uno de los monitores se adelanto y colocó en el pozo de entrada una escala de diez metros con su cuerda de seguridad y otra cuerda más por la que podían bajar los que sabían rapelar. Todos los participantes descendieron muy bien el pozo aunque tuvieron que sufrir el inconveniente de no tener arneses para todos y tener que ir pasándosela de unos a otros. Los primeros siete en descender el pozo continuaron con Miguel Ángel hacia el interior de la cavidad, la primera dificultad que se encuentra es una diaclasa inclinada en donde existen varios pasos estrechos denominados “de los Guardias Civiles” en los que hay que arrastrarse cogiendo bien la postura correcta para superarlos, en estos momentos viene el primer apuro y uno de los participantes desiste de seguir ya que se agobia por lo que regresa a la base del pozo donde siguen bajando los demás; los cinco siguientes parten con Raúl para atravesar la primera dificultad cosa que logran sin mayores problemas, alguna de ellas parece que se mueve como pez en el agua aunque era su primera vez en una cueva; cuando estaban preparando la instalación para sacar del al cueva al compañero que no había podido pasar, este decide que quiere volver a intentarlo y todos los que quedaban en la base del pozo continúan con el hacia el interior de la cavidad, en este segundo intento, ya más tranquilo, logra superar el paso sin dificultad y salir de la diaclasa cogiendo la primera galería de la cueva por donde avanzamos ligeramente agachados ya que no es muy alta. Poco a poco la galería va creciendo de tamaño, aunque atravesamos algún que otro paso arrastrándonos, el transito lo hacemos ya totalmente de pie, ya casi en el final de la galería superamos varios bloques y llegamos a una sala donde nos juntamos todos y pudimos comentar lo que hasta entonces había sucedido con la grata sorpresa para algunos de ver como el compañero que creían fuera de la cueva había podido llegar hasta allí, realizamos varias fotografías y continuamos por el ramal norte primero superando un pequeño desfondamiento para continuar por una galería en donde podemos ver las primeras excéntricas, después llegamos a una pequeña sala donde a través de unas columnas llegamos a un destrepe de unos dos metros para inmediatamente después volver a ascender otros dos metros y atravesar un paso estrecho conocido como paso “de la bellota” en el que hay que coger muy bien la postura para poder atravesarlo, todos lo hicieron a la perfección siguiendo las indicaciones de los monitores. Ya al otro lado del paso, en una pequeña sala, nos agrupamos todos y continuamos por la galería, ahora de reducidas dimensiones, hasta que realizamos un destrepe de unos dos metros y que vuelve a dar grandes dimensiones a la misma y que al poco conecta con una galería perpendicular, antaño cauce de un río, que continuamos hacia el sur y llegamos hasta su final donde las paredes están plagadas de pequeñas formaciones de aragonito blanco, en este punto hicimos unas fotos, comentamos con los participantes sus impresiones y comenzamos el regreso hacia el exterior. Una vez que llegamos a la bifurcación hicimos dos grupos, uno visitó el ramal noroeste y el otro fue saliendo hacia el exterior ya que así evitamos mayor aglomeración en la base del pozo. Todos salimos sin ningún incidente y sin ningún problema en los pasos estrechos, el pozo fue remontado por la escala y asegurado con una cuerda que superaron sin mayor dificultad que el propio esfuerzo físico. Una vez en el exterior recogimos todo, nos cambiamos de ropa y emprendimos el viaje de regreso.

Como hemos dicho al comienzo hemos quedado muy satisfechos de la jornada, al igual que creemos que la mayoría de los participantes. Debajo podéis leer las impresiones de una participante que resume sus sensaciones y se aproxima mucho a las de todos.

“En pocas palabras fue una verdadera aventura. Con todos sus componentes, cierta angustia y tensión que viví en el paso estrecho del principio, después la satisfacción de haber superado las dificultades, gratitud y afecto a los compañeros que te ayudan cuando te hace falta. Y por fin disfruté de la cueva, de las gigantescas paredes de roca que se estrechan alrededor tuyo en cualquier dirección desafiando la ley de la gravedad y obligándote a adaptarte a ella, asistiendo a esa extraña reunión el la sala de la cueva en donde la atmósfera a la que estas acostumbrado cambia tanto. La conclusión es que me gusto y me ha dado una recarga de vitalidad, he estado soñando con la cueva toda la noche , me olvide de todos mis problemas y no me enfade por nada ya que estaba cargada de buen rollito. En fin tampoco hay que pasarse que me estoy empezando a empalagar. Haber cuando vemos las fotos y preparamos otra. Hay que esperar que se me pasen las agujetas (extraña palabra que solo tu y el que la invento sabrá como se escribe).”

Fotografías de:

Miguel-Ángel López
Alejandra Bazijan
Javier Ledesma
Raúl García