Después de la visita a la Sima Ogesa y de una sabrosa comida en el aparcamiento de la misma, teníamos toda la tarde por delante y decidimos hacer unos tramos del Barrancos de Las Parras en la localidad de Utrillas, concretamente en la peanía de Las Parras de Martín. Una vez llegamos a Utrillas callejeamos en busca de la carretera TE-02 que nos lleva al núcleo de Las Parras, hay que ir con cuidado ya que es estrecha y con curvas bastante peligrosas, después de nueve kilómetros llegamos al pueblo y tomamos una pista descendente a mano derecha que nos lleva hacia el cauce del río. Si se llevan dos coches se puede dejar uno en un ensanchamiento que hay a unos cuatrocientos metros del pueblo y el otro en la pista pasado un collado al lado del cartel que indica Hocino del Pajazo, un kilómetro y medio aproximadamente del otro vehículo teniendo en cuenta que la pista presenta grandes pendientes y no es apta para todo tipo de vehículos. Nosotros solo llevábamos un vehículo por lo que lo dejamos en el ensanchamiento cerca del cauce. De los cinco que íbamos, Adelia, Jessi, Enrique, Juan Ignacio y Raúl para esta actividad nos quedamos sin las chicas que decidieron vernos desde la barrera, así que nos colocamos los neoprenos en el coche, preparamos el equipo y partimos por la senda que lleva hasta el cauce del río. Una vez en el, Juan Ignacio comenta que, lleva bastante agua y podía deberse a las tormentas de esta semana, comenzamos a caminar por su cauce y el cristalino de sus aguas se torna en un negro lodo que esta depositado en el fondo, el agua nos llega un poco más arriba de las rodillas y en ocasiones nos dificulta el avance. En pocos minutos llegamos al punto donde el cauce se convierte en barranco encauzándose entre dos paredes. El primer rápel de unos tres metros se realiza desde una sirga metálica que hay a la izquierda, anclada a un puente roca. Inmediatamente después llegamos al segundo rápel al que se accede por un pasamanos instalado en fijo de cadena que termina en una argolla desde donde se descienden algo menos de veinte metros totalmente en aéreo, para llegar al agua y salir nadando, aunque esto último no es normal ya que con menos agua no es necesario nadar, debajo de esta cascada se forma una cueva de reducidas dimensiones que en esta ocasión no visitamos. Todas nuestras maniobras fueron seguidas atentamente por las chicas que habían llegado hasta esta cascada por unas pasarelas de madera recientemente instaladas y que nos acompañaron por el sendero el resto del Hocino de las Palomas y hasta el Hocino del Pajazo. El recorrido por este sendero, totalmente acondicionado con puentes y carteles es realmente bonito, pudiendo observar unos pliegues en la roca bastante espectaculares, a la vez que caminábamos íbamos merendando gracias a la gran cantidad de zarzas repletas de moras que existen en el recorrido. Al poco llegamos a la cascada que existe en el Hocino y nos fuimos primero al mirador que existe un poco más adelante desde donde la contemplamos. Decidimos instalarla como una cueva para así hacer prácticas de pasamanos y subir y bajar por la cuerda. La cabecera está instalada con un pasamanos de cadena con varias argollas en donde colocar la cuerda, como llevaba bastante agua decidimos instalar la cuerda en la argolla que nos alejaba más del cauce. Raúl instala un nuevo pasamanos con la cuerda que reasegura la cadena y el acceso a esta ya que se queda un poco alta y desciende por la rampa con cuidado ya que el verdín que la forra es muy resbaladizo, más o menos esta cascada tiene la misma tirada que su predecesora pero es más complicada de abordar, una vez en el agua también hay que salir nadando hasta la orilla, a continuación baja Juan Ignacio y ya no esperamos a nadie más ya que Enrique ha decidido quedarse viéndonos con la grata compañía de las dos chicas. Los ascensos de la cascada se hacen un poco más complicados ya que hay que colocarse la cuerda nadando y el verdín hace que nos golpeemos con la pared. Después recogemos y comenzamos el regreso por el mismo sendero hasta llegar a la pista y su fuerte pendiente, caminamos y en media hora aproximadamente llegamos a nuestro vehículo. Ya de noche emprendimos el viaje de regreso a Zaragoza llegando un poco antes de las 22:00 horas a la puerta del Club.

Fotografías de:

Raúl García