Hacía tiempo que queríamos llevar a término unas practicas para el grupo ya numeroso de compañeros que necesitaban adquirir destreza en el manejo de las cuerdas para así acompañarnos en aventuras más complicadas, de modo que como preámbulo a la jornada de iniciación prevista para el día siguiente decidimos marchar a la Cueva del Gato, una cavidad idónea para estos menesteres ya que es amplia, dispone de luz natural abundante y está equipada por la Escuela Aragonesa de Espeleología como zona de prácticas. Quedamos a las 08:00 en la sede del club y desde allí nos dirigimos a la cavidad. Éramos un grupo ni muy grande ni muy pequeño, idóneo para que todos pudiéramos poner en práctica manobras como subir y bajar por cuerda fija, paso de fraccionamientos, paso de nudos, cambio de descenso a ascenso y viceversa.

Mientras unos instalaban las primeras cuerdas otro fue haciendo una descripción de los diferentes aparatos y su manejo, de modo que en cuanto hubo instalaciones los noveles comenzaron su aprendizaje con muchas ganas. Pronto vieron lo esforzado de las maniobras, sobre todo al principio ya que se suele pretender suplir la técnica por fuerza de brazos, pero según van fallando las fuerzas prestamos más atención para así economizar gotas de sudor. La dificultad de la maniobras iba en aumento pero el entusiasmo de los alumnos crecía en mayor medida, según iban superando las combinaciones de movimientos que en un principio les habían parecido muy difíciles pero una vez en faena iban viendo que no eran tales. La fatiga no hacía mella en su ánimo y tras un brave descanso volvían a la carga (sobre todo las mujeres, todo hay que decirlo, que nos sorprendieron muy gratamente con un gran espíritu de superación). En este deporte mayoritariamente masculino siempre se agradece la compañía femenina, que sino las conversaciones son muy sosas. Para la sorpresa de los monitores el grupo parecía no querer parar a descansar ni a comer, de modo que tuvimos que echarles el alto y después de debatir se decidió seguir un poco más con la práctica y al rato salimos al exterior para aprovechar un magnífico día y disfrutar de un merecido almuerzo; nos lo tomamos con calma ya que se estaba muy a gustito al sol. Para dar por finalizada la jornada mientras unos desmontaban las instalaciones dimos unas nociones de técnicas de fortuna, como el nudo dinámico, el nudo corazón o el uso de medios de emergencia, como el tibloc o las poleas de fibra. Para concluir una demostración de lo fácil que rompe una cuerda por fricción dejó estupefactos a los asistentes. Satisfechos de lo aprendido recogimos los bártulos y pusimos camino hacia Zaragoza.

Fotografías de:

Miguel-Ángel López
Roberto Coves
Marta López
Raúl García