Memorial Luis Calvo: Desde el año pasado, el mes de diciembre ha quedado grabado en muchos de nosotros, tenemos un vacío que no logramos llenar desde que falta nuestro buen amigo Luis, que pago un alto precio por su amor a la montaña. Sabemos que no hace falta excusas para acordarnos de él, y de hecho lo hacemos en múltiples ocasiones, aun así hemos considerado conveniente rendir un homenaje anual a nuestro amigo, que celebraremos cada año el día que se realice esta actividad, que acostumbramos a realizar en estas fechas concluyendo el calendario de actividades del Club.

Este año el invierno parece primavera y la escasez de precipitaciones se notan en toda nuestra comunidad. Pocas veces habíamos visto el Moncayo con este aspecto en estas fechas, y pocas veces habíamos podido disfrutar de su cumbre tanto rato como lo hicimos este año. Eran las siete de la mañana cuando nos juntábamos en la puerta del Club Luis Moya, Javier Vallejo, Héctor García, Noelia Munguía, Chuse Laplana, Víctor García, Beatriz Izuel, Víctor Omedes, Rafael Tello y Raúl García, por el camino se nos unió Javier Ledesma y a la cumbre acudió desde la cara soriana Miguel Ángel López.

Llegamos a las nueve de la mañana al aparcamiento, junto a la hospedería, rápidamente nos preparamos y tomamos el primer tentempié al que algunos unieron un café. El día estaba totalmente despejado, el aire no soplaba y la temperatura era muy agradable, así que todos en fila india comenzamos la ascensión. Hubo múltiples paradas ya que no teniamos ninguna prisa y además nos sobraba mucha ropa. El estado de la montaña nos hizo ascender por la vía normal, hasta la parte más alta de la subida donde nos tuvimos que colocar los crampones y luego por la suave ladera accedimos hasta la cumbre. Una vez allí comimos tranquilamente mientras hablábamos y nos acordábamos de Luis, finalmente apareció una botella de cava, diversos frutos secos y chocolate que acompañaron nuestra sobremesa. Pasaban de las dos del mediodía cuando emprendimos el camino de vuelta hacia los coches igual de tranquilos que lo habíamos hecho a la subida.

Cueva Maderuela
Vera de Moncayo (Zaragoza)

Como aun era temprano, decidimos parar a conocer esta pequeña cavidad situada a escasos kilómetros del Santuario de Veruela. Se sitúa por encima de la carretera, se accede a ella por una pista en mediocre estado que parte de la misma y llega hasta una finca particular, linde de la cavidad. No es necesario llegar con los coches hasta la boca ya que desde la carretera no se tardan más de diez minutos andando. Dispone de varias bocas, algunas de ellas acceden desde la finca particular, aunque las dos más accesibles (fotos superiores) lo hacen desde el final de la pista. Es muy cómoda de visitar y de ella se extrajeron hace unas décadas diversos restos arqueológicos, igualmente Luis nos explico detenidamente las posibles labores que se realizaron allí tiempo atrás, entre las que destacan la extracción de áridos. Después de escudriñar todos sus rincones y de tragar mucho polvo, que nosotros mismos levantábamos del suelo, regresamos al exterior y dimos por concluida la jornada, partiendo de vuelta hacia Zaragoza.