Como ya es tradición en este club, los últimos días del año se dedican al relax y al recuerdo. En el caso del día 30, concretamente al recuerdo de nuestro compañero Luis Calvo, fallecido en 2010 . Para materializar ese recuerdo hemos subido, una vez más, al mítico Moncayo. Montaña sencilla pero traicionera donde las haya.

Cabe mencionar antes de comenzar esta crónica que este año fueron pocos los compañeros que pudieron asistir al evento, lo cual hizo el día un poco menos lúdico y más ritual.
Así pues, a las 7:15h nos encontramos en Zaragoza Alberto, Beti y yo para dirigirnos hacia las tierras de Tarazona, recogiendo a Javier en el trayecto, caracterizado por la niebla espesa y la consiguiente poca visibilidad.
Una vez en el Santuario del Moncayo, iniciamos la marcha a eso de las 9:30. Tranquila y pausadamente vamos ascendiendo en lo que parece un día tranquilo y apacible, totalmente despejado pese a los pronósticos no tan buenos para la tarde.
Este año, lamentablemente, el Moncayo ha vuelto a quedarse sin su gorro blanco invernal en estos días. Como ya temíamos durante el camino, todavía tenía menos nieve y hielo que el año anterior. De hecho, no se echaron de menos los crampones en ningún punto de la ascensión.

Eso sí, el trayecto en la parte superior del Moncayo estuvo fuertemente marcado por un viento que hacía el camino inoperante, con unas rachas espectaculares que hacían muy complicado el mantenimiento del equilibrio. Allá arriba hacía frío, mucho frío…

Una vez en la cima, sobre las 11:15 horas, nos quedamos sin el privilegio de contemplar las agujas de hielo horizontales que se forman otros años en los diferentes elementos de la misma debido al clima de este año. Entre estos elementos, cabe señalar que en esta ocasión hay novedades: un nuevo Belén instalado junto al que ya había anteriormente (¡¡hasta dónde hemos llegado, ya hasta con Belenes de segunda residencia!!).
Rápidamente brindamos con sidra en honor a Luis y tomamos una foto de grupo (con gran dificultad), ya que el frío y el viento hacían poco agradable la estancia incluso en los vivacs de la cima.

Ya en el descenso el intenso viento desapareció para facilitarnos el camino… O eso creíamos, ya que hacia la mitad del circo de San Miguel apareció en escena un viento con unas rachas todavía más fuertes que las del collado. Tanto que a mi casi me tira al suelo en algunas ocasiones y a algún otro miembro de la expedición le robó las gafas para estupefacción del personal. Gafas que no encontramos tras un rato de búsqueda.
Tras llegar abajo y comer rápidamente. Decidimos alargar un poco más la jornada visitando uno de los miradores de la zona del Moncayo, donde a simple vista ya se podía comprobar cómo los pronósticos meteorológicos se iban cumpliendo.

Finalmente visitamos la Sima de los Ainés en Grisel, en la que pudimos observar los trabajos de restauración que se están llevando a cabo, y la Hoya de la Mora Encantada en Bulbuente. Terminamos así una jornada agradable pero marcada por la baja asistencia de los compañeros, el frío y la pérdida de objetos personales.

Texto y fotografías de:
Jorge