El pasado 14 de marzo (sábado), el ECZ procedió a ir nuevamente a limpiar la cueva del muerto en una actividad apoyada por la FAE.

Como siempre, el objetivo es dejar esta mítica cueva de la provincia de Zaragoza como los chorros del oro, ya que creemos que las generaciones de espeleólogos venideras se merecen un entorno, en la medida de lo posible, tan impresionante como el que debieron ver los primeros espeleólogos que anduvieron por ella.

En esta ocasión llevábamos un objetivo añadido. Encontrar los restos de una formación poco conocida que fue fotografiada en la década de los 70 y que ya no existe, bien por vandalismo, bien por osar desafiar a la ley de la gravedad. A esta formación se la conocía como “la solitaria” y debemos su conocimiento al interés altruista de  Antonia y José Mari (Chema), antiguos espeleólogos que exploraron la cueva por aquel entonces.

Así pues los integrantes de la expedición limpiadora quedamos en el clásico apartadero de la carretera que pasa cercana a la cueva al que poco a poco va llegando todo el equipo. En esta ocasión vamos diez personas entre las que se incluye Chema, quien nos acompaña para señalarnos el lugar dónde se encontraba “la solitaria”.

Tras prepararnos vamos entrando por grupos ya que el todo terreno no podía subir a todos los integrantes de la expedición y algunos suben “a pata”.

Una vez dentro todo el contingente, lo primero que hacemos es buscar la formación mencionada, que se encontraba pasado el conocido paso de la bellota.

Cuenta la leyenda que Chema fue el primer espeleólogo en cruzar el paso de la bellota, antes de que se agrandase con una maza marca “Bellota”

Por fin, llegamos al lugar indicado por Chema y tras buscar un poco encontramos lo que parecen dos piezas de la formación, que no pesaban poco precisamente. Comprobamos pues que el lugar donde se encontraban los restos distaba en unos cuatro o cinco metros de donde se ubicaba originariamente y tratamos de entender cómo diablos podía estar pegada a la pared. Por desgracia, no encontramos todos los restos de la formación, así que habrá que seguir buscando un poco más, si es que es posible encontrar estos restos completos. Debatimos durante un rato sobre qué hacer con dichos restos puesto que volverlos a pegar al lugar donde estaba originariamente parece una tarea difícil, por no decir imposible. Dejamos este debate en el aire y volvemos a la zona de reparto de tareas para empezar a trabajar.

Rafa y Chema estudiando los restos encontrados

Una vez allí repartimos las tareas del día con cierta flexibilidad: unos a quitar potas de carburo, otros a limpiar de barro y pintadas algunas formaciones y otros a jugar a los puzles intentando encontrar restos de formaciones rotas que encajen.

En esta ocasión no uniremos las formaciones rotas, que generalmente hacemos secando las formaciones con soplete, metiendo una varilla de metal de refuerzo y pegándolas con una resina epoxi ya que Luis, el geólogo que nos acompañaba nos recomendó cambiar el material de refuerzo (oséase las varillas) por otras de otro tipo para que a largo plazo la formación no se tiñese del óxido del metal.

Mientras voy grabando todo esto con mi recién estrenada SJ4000, Rafa y yo nos vamos a tratar de quitar unas flechas indicativas (que serán sustituidas por unos más estéticos reflectantes) pintadas con spray. Tarea árdua donde las haya, puesto que no es nada fácil eliminarlas, todo lo contrario que las que fueron pintadas con barro o todavía más con el hollín del carburo (¿En qué pensarían aquellos espeleólogos?).

Así pues, va transcurriendo el día mientras unos tratan de quitar bolas de barro y grafitis en la galería del barro, otros se encuentran restos tan llamativos como una tapa de un bote de mayonesa y otros tratan de quitar “ancestrales” dibujos hechos con barro. Decidimos salir de la cueva a eso de las 17h, pensando ya en la idea de volver en noviembre con, esperamos, más voluntarios todavía que estén motivados a contribuir a la restauración de esta cueva-escuela que, al menos, muchos Zaragozanos recordamos como nuestra primera cueva.

TEXTO: JORGE